La clave olvidada de la conquista de México

Publicado el 4 mayo 2018 en la categoría Edad Moderna

La caída del imperio Azteca ha llamado la atención durante siglos de historiadores y antropólogos con el fin de averiguar el porqué del fulminante colapso de una potencia militar que se encontraba en el cénit de su poderío. Sin duda, la superioridad del armamento occidental, las alianzas con las naciones locales enfrentadas al poder mexica, las limitaciones del modo de guerra tradicional que premiaba la captura en vez de la muerte del enemigo y las enfermedades, tuvieron un papel fundamental en su desmoronamiento. Pero a pesar de la incuestionable influencia de dichos factores en un momento histórico tan complejo, la clave olvidada de la ecuación podría encontrarse en superioridad de las formaciones de combate hispanas y en infructuosa capacidad adaptativa mesoamericana para contrarrestarlas.

La clave olvidada de la conquista de México, la formación en escuadrón con plaza

Si analizamos el conflicto desde la óptica de la New Military History (Nueva Historia Militar), el impacto real del armamento español en combate durante el periodo 1519-1521 fue limitado e insuficiente para contrarrestar la superioridad numérica de su contrincante. Pese a ello, una y otra vez los españoles salían victoriosos de sus encuentros en campo abierto contra los pueblos mayas y de lengua nahua. La pregunta lógica es, ¿por qué?
Sólo hay que leer a Cortés, Bernal Diaz del Castillo o la visión de los vencidos recogida por Miguel León-Portillo para observar que lejos del mito del miedo a las armas de fuego y los caballos, los guerreros mexicas se enfrentaron a los españoles de forma decidida durante los dos años que duró el conflicto. Los combates podían durar horas y aún así, y a pesar de la superioridad numérica, experiencia en combate y heroísmo, los españoles acababan imponiéndose.
La razón podría estar en la formación de combate empleada por Cortés, el escuadrón cerrado con plaza. Inspirada en los clásicos y recuperada por la tratadística militar del Renacimiento, el escuadrón cerrado o cuadro, evitaba el flanqueo en caso de inferioridad numérica y canalizaba la fuerza enemiga en un combate cuerpo a cuerpo para limitar los enfrentamientos a uno contra uno. Al eliminar la superioridad numérica con este tipo de formación, la supremacía de las armas defensivas y ofensivas españolas hacían el resto. Sorprende que, como afirmaba Díaz del Castillo, el peso de la batalla acostumbraba a recaer sobre los soldados de espada y rodela, protegidos por una media armadura, coselete, defensa y armados con una toledana que formaban un muro de escudos que resulto infranqueable para los mesoamericanos. Lejos de la creencia popular, el arma blanca fue la responsable de la mayor parte de las bajas indígenas en batalla, siguiéndole los ballesteros y muy de lejos los escopeteros.
A una formación defensiva infranqueable, Cortés sumó el desarrolló a lo largo de la guerra una norma de uso de la caballería que permitía ataques quirúrgicos minimizando al máximo bajas propias tal y como describía Bernal Díaz “… y como ya tenían aviso los de a caballo que se ayudasen unos a otros, y las lanzas terciadas, sin pararse a alancear sino por las caras y ojos, entrando y saliendo a media rienda, y que ningún soldado saliese del escuadrón y con nuestra bandera tendida.”
La irrupción de una fuerza militar supuestamente invencible demolió en equilibrio de poder mesoamericano fundamentado en la hegemonía militar mexica, animando a totonacas, tlascaltecas y otros pueblos subyugados a aliarse con los españoles, siendo el factor desencadenante de una serie de acontecimientos que desembocarían en el fin del imperio azteca.

La clave olvidada de la conquista de México

Carga de caballería en Otumba


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